Si mis cálculos no me fallan y mi cordura sigue intacta puedo asegurar que:
- Aprendí a perdonar olvidando, dejando a tras y sin aferrarme al rencor.
- Logré establecer vínculos con un amor platónico que actualmente me manda invitaciones a su casa sabe Dios con qué fines.
- Recuperé a una amiga que había perdido, o en realidad descubrí que lo que nos une es mucho más fuerte que la presión que la gente puede ejercer sobre nosotras.
- Incorporé pensamientos positivos a mi día a día (y dejenme decirles que los resultados son im-pre-sio-nan-tes!!)
- Me reinventé, redescubrí y elegí usar mi mejor faceta todos los días hasta hoy.
Y si bien la lista podría continuar y hacerse una estrofa sin fin, elijo parar acá y resumir que lo más importante de todo lo que aprendí (y probablemente aprenderé) es que la felicidad que tanto buscaba, esa en la cual me he gastado millones de entradas en este blog pidiendole que me visite, no se encuentra en ninguna de las Páginas Amarillas ni se compra por medio de ningún 0800, la felicidad esta adentro de cada uno y se enciende cuando te desprendés de todo miedo y mirás para adelante, sabiendo que lo mejor siempre se hace esperar y que la luz siempre vence a la oscuridad.
Gracias por leerme.