Son noches como las de hoy en las que te extraño, estúpida y ridícula, pero te extraño al fin. Extraño tus palabras, tus caritas, extraño sentarme en frente de la computadora y ver el notición: X ha iniciado sesión.
Así fue como empezamos... y terminamos. Aunque en realidad no empezamos ni terminamos nada, para vos solo fui eso, NADA. Pero no importa, porque para mí si lo fuiste, valió la pena sentarme en frente del monitor y leer un millón de veces tus palabras, ver tu carita en las videollamadas, pasar a tener mi buzón de mensajes repleto por vos. Y así fue que el amor que fuiste cultivando en mí fue más electrónico de lo que jamás voy a conocer. Nada más ni nada menos, un amor de chat, de mensajes de texto. Un amor del siglo XIX que no se terminó de concretar.
¿Y qué me quedó? Secuelas de tu partida. Lágrimas agridulces. ¿Y cómo me siento? Sola. Patética. Devastada, como si un huracán hubiera arrasado todo lo que soy y lo que tengo, hecha trizas.
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