Nunca me salió describirme, y creo que tampoco lo voy a poder hacer ni cuando tenga 98 años. No puedo porque ni yo misma me entiendo, porque soy de esas que cambian de opinión todo el tiempo; hoy digo blanco y mañana azul, hoy te amo y mañana no te puedo ni ver, hoy voy al norte y mañana tiro para el sur. Pero nunca, nunca voy a cambiar mis valores, esos que me inculcaron mis papas de chiquitita, esos que me enseñaron las personas que pasaron por mi vida..
Soy terca, terquísima. Y tengo una tendencia de intentar ser perfecta, pero al no poder llegar a eso lloro, pataleo; si, patético. Le tengo miedo al rechazo, a la oscuridad no solo la que se ve, sino a la oscuridad invisible, a esa que se siente. Y en ocasiones le tengo miedo a las palabras, a las que jueguetonas salen corriendo de tu garganta o las que a veces se quedan atoradas en tus cuerdas vocales. Pero hoy no, hoy voy a dejar salir todas todas las palabras. Lo prometo.
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