Empecé levantandome tipo 11, bastante temprano para la costumbre. Mi papá me hizo un desayuno completísimo del cual comí 1/4, las ansias de que llegue la noche me carcomian la cabeza. Fui a buscar a mi abuela a la terminal, en pantuflas, mis hermosas y grandes pantuflas. No me importaba si me veían desarreglada, la verdad eso era lo de menos. El saber que todos mis seres queridos iban a compartir conmigo una noche ya la hacía única e irrepetible.
A las seis llegué a la peluquería y me mimaron de pies a cabeza, todavía no estaba nerviosa, estaba... tranquila. Tranquila porque sabía que todo estaba calculado (bueno, no todo). Me preocupé por quedar hecha una diosa, pero tengo un autoestima bastante bipolar, y aseguro que durante la noche sentí millones de sentimientos.
Las nueve, ya eran las nueve!! Me re contra re cagué de frío cuando me tuve que sacar las fotos en el monumento, pero bueno, otra anécdota. Cuando llegamos al salón con mi papá tipo 9.30 me quería matar!! El fotógrafo pelotudo no había llegado y todos en el salón se asomaban para intentar verme, vale aclarar que nadie sabía nada de mi apariencia, era todo sorpresa. Hay imágenes a lo largo de la fiesta que no me las voy a olvidar más, como ver las caritas de todos bañados en lágrimas, como llorar abrazada de mi abuelo y no querer soltarlo, cosas que son tan hermosas que valen mucho la pena, MUCHO.
A lo largo de la cena las cosas estuvieron bastante tranquilas, muy organizado todo y me encantó cada mínimo detalle de lo que era el salón.
En general, todo estuvo perfecto, sacando la parte en que más sufrí. Sufrí cuando se armó el bolonqui de los colados, un desastre. Pero lo que más me lastimó fue que amigas mías se enojaron CONMIGO por no dejar pasar a los colados, pará flaca ¿quién sos?
Lo único que rescato de ese momento fue el apoyo incondicional de mis verdaderas amigas, la verdad son unos ángelitos y las amo con todo todo mi corazón. Son lo mejor!!
Y bueno, después el baile fue lo mejor, la rompió literalmente. Al igual que el cotillón, mucha onda por parte de todos, me sentí como en casa.
El broche de oro de la noche fue el video de mi hermosa Gisele Marchi (Gran Hermano 2011) que gracias a mis amigas, filmó un video deseandome feliz cumpleaños y diciendo muchas cositas más.
No me alcanzan las palabras para agradecer lo bien que la pasé, cuanto reí (y lloré), cuanto comí, cuanto disfruté!!
Si todavía no cumplieron 15, hagan su fiesta, aunque sea chiquita. No hay nada más lindo que disfrutar en familia!!
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