
Acá les traigo una historia de una pequeña soñadora, chica de barrio que un día se enamoró. Teniendo como personaje principal lo tengo a él, integrante de una banda de rock que usando sus ligeras palabras logró enroscar a nuestra personaje principal en un mar de promesas, ilusiones y citas para encontrarse. Así pasaron los meses. Se reunían los jueves en un bar, ella lo escuchaba cantar y después se le quedaba prendida en la mejilla dándole millones de besos, recordándole que cada canción era mágica, mística, cósmica.
El tiempo pasa y las personas tienen que seguir sus vidas, lejos o cerca, pero seguirlas al fin. Él tenia que elegir qué hacer por el resto de su vida, por lo que se mudó a varios kilómetros para poder estudiar y formarse. Ella lo lloró, lo esperó pero nunca lo olvidó (aunque varias veces lo intentó). Nadie pudo nunca descifrar si realmente fue amor o una simple obsesión. Ella se dio por vencida y abandonó la lucha, dejó atrás el rock and roll y miró la vida desde otra perspectiva.
Finalmente, a casi un año de su partida, él recuperó el contacto con su pequeña admiradora y gracias a la tecnología logró avivar los sentimientos que ella escondía.
No se por qué pero siempre mis historias amorosas suenan mejores contadas en tercera persona.
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